El auge del consumidor kidult lleva tiempo transformando la industria del licensing, pero estamos entrando en una etapa que va un paso más allá de la nostalgia. Ya no se trata únicamente de adultos recuperando los personajes de su infancia. Las fronteras entre entretenimiento, moda, coleccionismo, cultura y lifestyle son cada vez más difusas, y las licencias se han convertido también en una forma de expresar quiénes somos y qué nos gusta.
Un personaje puede acompañarnos desde la infancia hasta la edad adulta, ser redescubierto décadas después o encontrar por primera vez a sus fans a través de una colaboración de moda, un producto de diseño o una tendencia en redes sociales. Y esa evolución está ampliando enormemente el territorio de las marcas.
Los adultos ya no compran productos licenciados únicamente para sus hijos: compran para ellos mismos. Coleccionan, visten sus personajes favoritos, decoran sus casas, buscan ediciones especiales y celebran abiertamente su pertenencia a determinadas comunidades. Ser fan ha dejado de estar asociado a una etapa concreta de la vida.
Desde El Ocho, vemos esta evolución reflejada de forma muy clara en nuestro portfolio. Dragon Ball, Mafalda y Pembe the Pink Cat representan tres maneras muy diferentes de entender el fandom adulto: una franquicia que ha acompañado a varias generaciones, un icono cultural que continúa reinventándose y una propiedad contemporánea capaz de conectar con nuevos públicos desde la estética y el entorno digital.
Pocas propiedades representan mejor la fuerza del fandom que Dragon Ball. Desde su nacimiento en los años ochenta, la franquicia ha acompañado a varias generaciones y ha construido una comunidad extraordinariamente fiel. Para muchos consumidores adultos, Dragon Ball forma parte de sus recuerdos de infancia y adolescencia; para otros, es un universo plenamente vigente que siguen descubriendo a través de nuevas producciones, contenidos, videojuegos y productos.
Esta combinación de legado y actualidad convierte a la marca en una licencia especialmente versátil. Su potencial abarca desde moda y accesorios hasta coleccionables, electrónica, gaming o colaboraciones especiales, con propuestas capaces de dirigirse tanto al fan histórico como a nuevas generaciones.
También ha evolucionado la manera en la que ese fan quiere relacionarse con la marca. No todo tiene que ser necesariamente explícito. Junto a diseños protagonizados por personajes icónicos existe espacio para propuestas más gráficas, símbolos reconocibles únicamente por quienes conocen bien el universo o referencias más sutiles que pueden incorporarse fácilmente a la moda y al lifestyle.
Esta diversidad permite que Dragon Ball siga creciendo con sus propios fans. Quien descubrió la franquicia de niño puede seguir conectando con ella de adulto, pero hacerlo ahora a través de categorías, diseños y productos diferentes.
El caso de Mafalda demuestra que el fandom adulto también puede construirse desde un territorio completamente distinto. El personaje creado por Quino continúa siendo reconocido por distintas generaciones gracias a un imaginario inconfundible y a una personalidad que sigue conectando con el público décadas después de su creación.
Mafalda combina humor, cultura, nostalgia y una identidad gráfica con enorme potencial para trasladarse a producto. Su universo permite conectar con consumidores que crecieron leyendo sus tiras, pero también con públicos más jóvenes que pueden descubrir al personaje desde una perspectiva estética y contemporánea.
Precisamente ahí reside una de las grandes oportunidades de las propiedades con un fuerte legado: respetar aquello que las hizo reconocibles y, al mismo tiempo, encontrar nuevos códigos para seguir siendo relevantes.
Las nuevas líneas creativas de Mafalda amplían todavía más esas posibilidades, explorando territorios vinculados a la moda, el color y el lifestyle sin perder la esencia original del personaje. Esto abre oportunidades en categorías como textil, accesorios, papelería, regalo, hogar o colaboraciones especiales y permite que diferentes generaciones encuentren su propia manera de relacionarse con la marca.
Pero el fenómeno kidult no se alimenta únicamente de propiedades históricas. Pembe the Pink Cat representa otro de los grandes motores del fandom actual: personajes nacidos en un entorno mucho más visual, digital y global, capaces de generar identificación a partir de su personalidad y de una estética inmediatamente reconocible.
En este caso, el vínculo no depende de haber crecido necesariamente con el personaje. El consumidor puede descubrirlo ya de adolescente o adulto y sentirse atraído por su universo visual, su humor o su actitud.
Por su estética divertida, expresiva y muy reconocible, Pembe encuentra un territorio especialmente interesante en moda, accesorios, papelería, regalo, belleza y productos de lifestyle. Categorías en las que el diseño y la capacidad de generar identificación tienen un peso fundamental.
Dragon Ball, Mafalda y Pembe parten de universos, generaciones y códigos completamente diferentes, pero los tres ejemplos reflejan un mismo cambio: el licensing ya no se dirige únicamente a consumidores, sino a fans.
Y un fan busca algo más que un producto. Busca emoción, reconocimiento, pertenencia y una conexión con aquello que le gusta. Para marcas, fabricantes y retailers, entender esa relación abre nuevas posibilidades: explorar categorías menos tradicionales, cuidar especialmente el diseño, desarrollar diferentes niveles de producto y pensar en el consumidor más allá de una franja de edad concreta.
Porque crecer ya no significa dejar atrás a nuestros personajes favoritos. Algunos nos acompañan durante décadas, otros regresan a nuestra vida bajo nuevos códigos y otros los descubrimos por primera vez siendo adultos.
En plena era del fandom, quizá la pregunta ya no sea qué personajes gustan a cada edad, sino qué marcas son capaces de crear vínculos lo suficientemente fuertes como para trascenderla.